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sábado, 20 de febrero de 2010

UNA TIERRA MAGICA (POR LUIS ALBERTO GOMEZ GONZALEZ )


Una Tierra Mágica


¿De donde vienes? de mí tierra; un espacio mágico donde el sol, la luna y el firmamento constituyen la herencia de mis viejos, el agua es un regalo del dios de la lluvia y los animales representan mí raza, es el único lugar en el cual las espinas del cactus y la tuna protegen el alimento, solo allí durante las noches se escuchan las voces de mis antepasados detrás de los matorrales y sus pasos se sienten todo el día cruzando los caminos. Esta respuesta se escucha de Rangel. Un joven wayuu que pastorea ovejas en la sabana de la media Guajira cerca de la ranchería de sus padres, cada vez que le preguntan donde vive o indagan de su procedencia.
Hace algunos días Salí a la ciudad (contaba Rangel a su anciana madre) y en ningún rincón escuche el canto de la Palguarata o el sonido del viento, no pude ver a los pájaros que revuelan en nuestros árboles y que en muchas ocasiones visitan nuestras casas en la llamada “Ciudad Capital” ¿sentirán miedo sobrevolarla, o tal vez el ruido ensordecedor de los carros y de esas maquinas grandes los alejen cada vez mas? creo que luego de una visita, al igual que yo, no quieran regresar, pues no hay un lugar tranquilo allá donde se pueda sentir el calor de la tierra o la frescura del aire y similar a mí pueblo puedan vivir en paz, algo difícil pues cuando no van a la ciudad vienen con armas a cazarlos para ser enjaulados o asesinados.

No entiendo por que el canto de las aves es ruido al oído de ellos o esa es la impresión que me deja, pues al hablar un pájaro; suena un disparo o lanzan una piedra.
Solo unas horas dure en la ciudad y note como el agua tiene un precio ante los ojos de los Alijuna, esto es raro para mí. Aquí la regalamos, como la naturaleza la provee ¿acaso el cielo cobra por darnos la lluvia?
Me prepare desde muy temprano para ir a la ciudad, orgulloso me puse la ultima Si>ira que me regalaste (ellos la apodan “Wayuco”) de lujosos colores, cuando llegue se burlaban de mí ropa, inmediato recordé cuando a nuestras casas vienen médicos con las brigadas de salud o pasan para la alta Guajira las grandes masas de turistas procedentes del interior, jamás me rió de sus atuendos pues somos de costumbres diferentes.
Alguien me dijo; “indio hueles a feo”, debe ser por que ellos están acostumbrados a usar colonia en sus cuerpos, claro solo los que tienen para gastar dinero en algo que a mí parecer es ocultar o imitar la fragancia de la naturaleza. Aquí sentimos el aroma de las flores, el perfume de nuestro bosque, que en ninguna parte de la ciudad se puede percibir, ni jamás podrán obtenerla pues es algo que no se compra con dinero.
Yo no cambio el perfume de mis campos, del ganado, del rió y la inmensa sabana, por esa mezcla de humo que dejan los carros al pasar.
Solo unas horas dure y te cuento mamá la inmensa tristeza que deja en mí la visita a la gran ciudad; el ruido, los gritos y tanto bullicio parece humillarme los oídos.
La hospitalidad que damos al extranjero en nuestras rancherías es olvidada y cambiada por burlas, palabras ofensivas, señalamientos y muchos desprecios mas…
Yo se que en las noches no necesitamos de focos, lámparas o algo que alumbre nuestros caminos. Las estrellas iluminan las noches frías y el pájaro nocturno nos acompaña en la madrugada.
No tenemos ducha para bañarnos, aquí el jagüey nos espera todo el día con suficiente agua para todo el año.
No me burlo del Alijuna que intenta aprender wayuunaiki, ellos por cada error cometido en el uso del español se burlan sin parar.

Es por eso que no comprendo los pensamientos de todos ellos, son muy diferentes a los míos.
En el momento de mí partida la persona a la cual compre algunos víveres me pregunto: ¿donde vives? con un poco de desconfianza (no por pena o algo así, pues especulé que no me creería) le describí en pocas palabras mí morada…
Es una tierra mágica y un soñado paraíso en el cual mis viejos y yo, gozamos de una eterna tranquilidad, donde nos acompaña desde tiempos inmemorables el grito del viento, las voces de nuestros antepasados, el aroma de la sabana, el radiante sol de la mañana, y el alegre canto de nuestras aves…
Ese lugar estupendo no te lo puedo regalar, tampoco vender, pues jamás el hombre podrá ser dueño del aire, la primavera o del hermoso verano que compagina con el calido sol de nuestros caminos polvorientos…
Cuando terminé de hablar, recuerdo que un joven docente que estaba cerca, quedo perplejo e impresionado de mí respuesta, le escuché decir a primera instancia; “espero que algún día el destino me de la oportunidad de pasar por lo menos un minuto y conocer ese paradisíaco mundo en el que habitas”
No te preocupes, le respondí. Cuando vuelva a la gran ciudad, traeré para ti algo de aire puro, agua del jagüey, el canto de mis aves, y en una mochila: Los Sueños de mí tierra.

Querida madre fue un placer hablar contigo después de haber regresado de mí visita a la capital, voy a pastorear las ovejas de nuestra casa pues de hay depende nuestro sustento, una vez mas te cuento lo orgulloso que me siento de pertenecer a esta cultura milenaria y donde quiera que vaya cargare en cada gota de sangre, hasta el último de mis cabellos esta raza histórica a la que por gracia de Dios tengo el privilegio de pertenecer.
El día que el aliento me falte, las fuerzas me abandonen y la edad nuble mis ojos recordare como la vida me dio la oportunidad de ser Wayuu.

Este hermoso cuento participó en el concurso nacional de cuentos 2009. del Ministerio de Educación Nacional.

1 comentario:

  1. eso es aceptar lo que somos, tolerar las diferencias que tienen los demas y aprender de los pensamientos opuestos al nuestro en lugar de ofender. muy bonito cuento felicitaciones a su autor

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